jueves, 23 de mayo de 2013

Los Hermanos Grimm.



Jacob Grimm (Hanau, actual Alemania, 1785-Berlín, 1863) y Wilhelm Grimm (Hanau, 1786-Berlín, 1859). Cuentistas y filólogos alemanes. Conocidos sobre todo por sus colecciones de canciones y cuentos populares, así como por los trabajos de Jacob en la historia de la lingüística y de la filología alemanas, eran los dos hermanos mayores de un total de seis, hijos de un abogado y pastor de la Iglesia Calvinista.




Siguiendo los pasos de su padre, estudiaron derecho en la Universidad de Marburgo (1802-1806), donde iniciaron una intensa relación con C. Brentano, quien les introdujo en la poesía popular, y con F. K. von Savigny, el cual los inició en un método de investigación de textos que supuso la base de sus trabajos posteriores. Se adhirieron además a las ideas sobre poesía popular del filósofo J.G. Herder.
Entre 1812 y 1822, los hermanos Grimm publicaron los Cuentos infantiles y del hogar, una colección de cuentos recogidos de diferentes tradiciones, a menudo conocida como Los cuentos de hadas de los hermanos Grimm. El gran mérito de Wilhelm Grimfue el de mantener en esta publicación el carácter original de los relatos. Siguió luego otra colección de leyendas históricas germanas, Leyendas alemanas(1816-1818). Jacob Grimm, por su parte, volvió al estudio de la filología con un trabajo sobre gramática,La gramática alemana (1819-1837), que ha ejercido gran influencia en los estudios contemporáneos de lingüística.
En 1829 se trasladaron a la Universidad de Gotinga, y de ésta, invitados en 1840 por el rey Federico Guillermo IV de Prusia, a la de Berlín, en calidad de miembros de la Real Academia de las Ciencias. Allí comenzaron su más ambiciosa empresa, el Diccionario alemán, un complejo trabajo (del que editaron solamente el primer volumen) que ha requerido muchas colaboraciones y no se concluyó hasta comienzos de la década de 1860.


Los cuentos de los hermanos Grimm
Los Cuentos infantiles y del hogar fueron publicados entre 1812 y 1822, en tres volúmenes. La colección de cantos populares El cuerno maravilloso del niño, de Armin y Brentano, dieron a los hermanos Grimm la idea de preparar una colección de cuentos populares. Según propósito de los Grimm, esta obra había de ser sobre todo un monumento erigido a la literatura popular, un documento que recogiese de boca del pueblo lo poco que se había salvado de la gran producción medieval germánica y que constituía la tradición nacional que suponían perdida.


Sus fuentes principales fueron, además de los recuerdos de su propia infancia y de la de sus amigos, la gente sencilla del pueblo que ellos iban interrogando y, sobre todo, Cassel, la hija del farmacéutico Wild, que repetía las historias oídas en su infancia de boca de la "vieja María".
Al transcribir estos cuentos procuraron conservar fielmente no sólo su trama sino también el tono y las expresiones de que aquellas personas se servían, efectuando así en esta esfera una obra casi sin precedentes, porque literatos como Musäus y otros hasta entonces se habían servido de los cuentos populares como estructura para engarzar en ellos divagaciones morales o alusiones poéticas y literarias.


Sólo en una segunda época se aprovecharon también de fuentes literarias como Lutero, Hans Sachs, Moscherosch o Jung-Stilling, pero esforzándose por hallar bajo las variaciones y los embellecimientos literarios la primitiva ingenuidad de trama y de estilo (proverbios, repeticiones), guiados sobre todo por su instinto poético.


Se ha dicho que estos cuentos se han vuelto verdaderamente populares por medio del libro de los hermano Grimm. Lo cierto es que ellos supieron darles tanta frescura que pocos libros hacen revivir de inmediato la misteriosa y profunda intimidad de la naturaleza germánica, permitiendo sentirla con el espíritu con que a ella acude el pueblo alemán.
Las fábulas contienen casi siempre una verdad objetiva, una lección práctica, siempre aventajada, sin embargo, por la inspiración genuina de la poesía popular. Forman parte de esta colección de más de doscientos cuentos, entre los que figuran narraciones tan famosas como BlancanievesLa Cenicienta,PulgarcitoJuan con suerteLeyenda de los duendecillos,La hija del molineroCaperucita RojaRabanitaEn busca del miedoLos músicos de Bremen o Barba Azul.


Aunque según la idea de sus compiladores esta obra no estaba destinada a ser un libro infantil, Goethe, apenas la hubo leído, escribió a Stein que estaba escrita "para hacer felices a los niños", y puede considerarse como un gran acontecimiento literario de principios del siglo XIX alemán, porque desde entonces se convirtió en el libro de la juventud alemana, con el cual generaciones y generaciones formaron su alma.


La obra dio lugar a una polémica de cierta importancia con Brentano y con Arnim. Los dos poetas, que habían precedido de modo muy diverso que los Grimm en su colección de cantos populares, refundiéndolos formalmente, hallaron desaliñada y pobre la redacción de estos cuentos. Ello se debió a que, mientras Arnim y Brentano no distinguían entre poesía popular y poesía artística y reconocían para una y otra los mismos derechos, los Grimm creían que la segunda no podía sino esforzarse (aunque siempre inútilmente) por parecerse a la primera, la cual, representada por las grandes epopeyas o por los cuentecitos, era infinitamente superior y estaba dotada de una fuerza poética metafísica anterior a la misma humanidad.












Rapunzel



Había una vez un hombre y una mujer que vivían solos y desconsolados por no tener hijos, hasta que, por fin, la mujer concibió la esperanza de que Dios Nuestro Señor se disponía a satisfacer su anhelo. La casa en que vivían tenía en la pared trasera una ventanita que daba a un magnífico jardín, en el que crecían espléndidas flores y plantas; pero estaba rodeado de un alto muro y nadie osaba entrar en él, ya que pertenecía a una bruja muy poderosa y temida de todo el mundo. Un día asomóse la mujer a aquella ventana a contemplar el jardín, y vio un bancal plantado de hermosísimas verdezuelas, tan frescas y verdes, que despertaron en ella un violento antojo de comerlas. El antojo fue en aumento cada día que pasaba, y como la mujer lo creía irrealizable, iba perdiendo la color y desmirriándose, a ojos vistas. Viéndola tan desmejorada, le preguntó asustado su marido: "¿Qué te ocurre, mujer?" - "¡Ay!" exclamó ella, "me moriré si no puedo comer las verdezuelas del jardín que hay detrás de nuestra casa." El hombre, que quería mucho a su esposa, pensó: "Antes que dejarla morir conseguiré las verdezuelas, cueste lo que cueste." Y, al anochecer, saltó el muro del jardín de la bruja, arrancó precipitadamente un puñado de verdezuelas y las llevó a su mujer. Ésta se preparó enseguida una ensalada y se la comió muy a gusto; y tanto le y tanto le gustaron, que, al día siguiente, su afán era tres veces más intenso. Si quería gozar de paz, el marido debía saltar nuevamente al jardín. Y así lo hizo, al anochecer. Pero apenas había puesto los pies en el suelo, tuvo un terrible sobresalto, pues vio surgir ante sí la bruja. "¿Cómo te atreves," díjole ésta con mirada iracunda, "a entrar cual un ladrón en mi jardín y robarme las verdezuelas? Lo pagarás muy caro." - "¡Ay!" respondió el hombre, "tened compasión de mí. Si lo he hecho, ha sido por una gran necesidad: mi esposa vio desde la ventana vuestras verdezuelas y sintió un antojo tan grande de comerlas, que si no las tuviera se moriría." La hechicera se dejó ablandar y le dijo: "Si es como dices, te dejaré coger cuantas verdezuelas quieras, con una sola condición: tienes que darme el hijo que os nazca. Estará bien y lo cuidaré como una madre." Tan apurado estaba el hombre, que se avino a todo y, cuando nació el hijo, que era una niña, presentóse la bruja y, después de ponerle el nombre de Verdezuela; se la llevó.

Verdezuela era la niña más hermosa que viera el sol. Cuando cumplió los doce años, la hechicera la encerró en una torre que se alzaba en medio de un bosque y no tenía puertas ni escaleras; únicamente en lo alto había una diminuta ventana. Cuando la bruja quería entrar, colocábase al pie y gritaba:
"¡Verdezuela, Verdezuela,
Suéltame tu cabellera!"
Verdezuela tenía un cabello magnífico y larguísimo, fino como hebras de oro. Cuando oía la voz de la hechicera se soltaba las trenzas, las envolvía en torno a un gancho de la ventana y las dejaba colgantes: y como tenían veinte varas de longitud, la bruja trepaba por ellas.

Al cabo de algunos años, sucedió que el hijo del Rey, encontrándose en el bosque, acertó a pasar junto a la torre y oyó un canto tan melodioso, que hubo de detenerse a escucharlo. Era Verdezuela, que entretenía su soledad lanzando al aire su dulcísima voz. El príncipe quiso subir hasta ella y buscó la puerta de la torre, pero, no encontrando ninguna, se volvió a palacio. No obstante, aquel canto lo había arrobado de tal modo, que todos los días iba al bosque a escucharlo. Hallándose una vez oculto detrás de un árbol, vio que se acercaba la hechicera, y la oyó que gritaba, dirigiéndose a o alto:
"¡Verdezuela, Verdezuela,
Suéltame tu cabellera!"
Verdezuela soltó sus trenzas, y la bruja se encaramó a lo alto de la torre. "Si ésta es la escalera para subir hasta allí," se dijo el príncipe, "también yo probaré fortuna." Y al día siguiente, cuando ya comenzaba a oscurecer, encaminóse al pie de la torre y dijo:
"¡Verdezuela, Verdezuela,
Suéltame tu cabellera!"
Enseguida descendió la trenza, y el príncipe subió.

En el primer momento, Verdezuela se asustó Verdezuela se asustó mucho al ver un hombre, pues jamás sus ojos habían visto ninguno. Pero el príncipe le dirigió la palabra con gran afabilidad y le explicó que su canto había impresionado de tal manera su corazón, que ya no había gozado de un momento de paz hasta hallar la manera de subir a verla. Al escucharlo perdió Verdezuela el miedo, y cuando él le preguntó si lo quería por esposo, viendo la muchacha que era joven y apuesto, pensó, "Me querrá más que la vieja," y le respondió, poniendo la mano en la suya: "Sí; mucho deseo irme contigo; pero no sé cómo bajar de aquí. Cada vez que vengas, tráete una madeja de seda; con ellas trenzaré una escalera y, cuando esté terminada, bajaré y tú me llevarás en tu caballo." Convinieron en que hasta entonces el príncipe acudiría todas las noches, ya que de día iba la vieja. La hechicera nada sospechaba, hasta que un día Verdezuela le preguntó: "Decidme, tía Gothel, ¿cómo es que me cuesta mucho más subiros a vos que al príncipe, que está arriba en un santiamén?" - "¡Ah, malvada!" exclamó la bruja, "¿qué es lo que oigo? Pensé que te había aislado de todo el mundo, y, sin embargo, me has engañado." Y, furiosa, cogió las hermosas trenzas de Verdezuela, les dio unas vueltas alrededor de su mano izquierda y, empujando unas tijeras con la derecha, zis, zas, en un abrir y cerrar de ojos cerrar de ojos se las cortó, y tiró al suelo la espléndida cabellera. Y fue tan despiadada, que condujo a la pobre Verdezuela a un lugar desierto, condenándola a una vida de desolación y miseria.

El mismo día en que se había llevado a la muchacha, la bruja ató las trenzas cortadas al gancho de la ventana, y cuando se presentó el príncipe y dijo:
"¡Verdezuela, Verdezuela,
Suéltame tu cabellera!"
la bruja las soltó, y por ellas subió el hijo del Rey. Pero en vez de encontrar a su adorada Verdezuela hallóse cara a cara con la hechicera, que lo miraba con ojos malignos y perversos: "¡Ajá!" exclamó en tono de burla, "querías llevarte a la niña bonita; pero el pajarillo ya no está en el nido ni volverá a cantar. El gato lo ha cazado, y también a ti te sacará los ojos. Verdezuela está perdida para ti; jamás volverás a verla." El príncipe, fuera de sí de dolor y desesperación, se arrojó desde lo alto de la torre. Salvó la vida, pero los espinos sobre los que fue a caer se le clavaron en los ojos, y el infeliz hubo de vagar errante por el bosque, ciego, alimentándose de raíces y bayas y llorando sin cesar la pérdida de su amada mujercita. Y así anduvo sin rumbo por espacio de varios años, mísero y triste, hasta que, al fin, llegó al desierto en que vivía Verdezuela con los dos hijitos los dos hijitos gemelos, un niño y una niña, a los que había dado a luz. Oyó el príncipe una voz que le pareció conocida y, al acercarse, reconociólo Verdezuela y se le echó al cuello llorando. Dos de sus lágrimas le humedecieron los ojos, y en el mismo momento se le aclararon, volviendo a ver como antes. Llevóla a su reino, donde fue recibido con gran alegría, y vivieron muchos años contentos y felices.


* * * FIN * * *

Blancanieves

Un cuento de los hermanos Grimm



Había una vez, en pleno invierno, una reina que se dedicaba a la costura sentada cerca de una venta-na con marco de ébano negro. Los copos de nieve caían del cielo como plumones. Mirando nevar se pinchó un dedo con su aguja y tres gotas de sangre cayeron en la nieve. Como el efecto que hacía el rojo sobre la blanca nieve era tan bello, la reina se dijo.
-¡Ojalá tuviera una niña tan blanca como la nie-ve, tan roja como la sangre y tan negra como la madera de ébano!
Poco después tuvo una niñita que era tan blanca como la nieve, tan encarnada como la sangre y cuyos cabellos eran tan negros como el ébano.
Por todo eso fue llamada Blancanieves. Y al na-cer la niña, la reina murió.
Un año más tarde el rey tomó otra esposa. Era una mujer bella pero orgullosa y arrogante, y no po-día soportar que nadie la superara en belleza. Tenía un espejo maravilloso y cuando se ponía frente a él, mirándose le preguntaba:
¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?
Entonces el espejo respondía:
La Reina es la más hermosa de esta región.
Ella quedaba satisfecha pues sabía que su espejo siempre decía la verdad.
Pero Blancanieves crecía y embellecía cada vez más; cuando alcanzó los siete años era tan bella co-mo la clara luz del día y aún más linda que la reina.
Ocurrió que un día cuando le preguntó al espejo:
¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?
el espejo respondió:
La Reina es la hermosa de este lugar,
pero la linda Blancanieves lo es mucho más.
Entonces la reina tuvo miedo y se puso amarilla y verde de envidia. A partir de ese momento, cuando veía a Blancanieves el corazón le daba un vuelco en el pecho, tal era el odio que sentía por la niña. Y su envidia y su orgullo crecían cada día más, como una mala hierba, de tal modo que no encontraba reposo, ni de día ni de noche.
Entonces hizo llamar a un cazador y le dijo:
-Lleva esa niña al bosque; no quiero que aparez-ca más ante mis ojos. La matarás y me traerás sus pulmones y su hígado como prueba.
El cazador obedeció y se la llevó, pero cuando quiso atravesar el corazón de Blancanieves, la niña se puso a llorar y exclamó:
-¡Mi buen cazador, no me mates!; correré hacia el bosque espeso y no volveré nunca más.
Como era tan linda el cazador tuvo piedad y di-jo:
-¡Corre, pues, mi pobre niña!
Pensaba, sin embargo, que las fieras pronto la devorarían. No obstante, no tener que matarla fue para él como si le quitaran un peso del corazón. Un cerdito venía saltando; el cazador lo mató, extrajo sus pulmones y su hígado y los llevó a la reina como prueba de que había cumplido su misión. El cocine-ro los cocinó con sal y la mala mujer los comió cre-yendo comer los pulmones y el hígado de Blancanieves.
Por su parte, la pobre niña se encontraba en medio de los grandes bosques, abandonada por todos y con tal miedo que todas las hojas de los árbo-les la asustaban. No tenía idea de cómo arreglárselas y entonces corrió y corrió sobre guijarros filosos y a través de las zarzas. Los animales salvajes se cruza-ban con ella pero no le hacían ningún daño. Corrió hasta la caída de la tarde; entonces vio una casita a la que entró para descansar. En la cabañita todo era pequeño, pero tan lindo y limpio como se pueda imaginar. Había una mesita pequeña con un mantel blanco y sobre él siete platitos, cada uno con su pe-queña cuchara, más siete cuchillos, siete tenedores y siete vasos, todos pequeños. A lo largo de la pared estaban dispuestas, una junto a la otra, siete camitas cubiertas con sábanas blancas como la nieve. Como tenía mucha hambre y mucha sed, Blancanieves co-mió trozos de legumbres y de pan de cada platito y bebió una gota de vino de cada vasito. Luego se sin-tió muy cansada y se quiso acostar en una de las ca-mas. Pero ninguna era de su medida; una era demasiado larga, otra un poco corta, hasta que fi-nalmente la séptima le vino bien. Se acostó, se en-comendó a Dios y se durmió.
Cuando cayó la noche volvieron los dueños de casa; eran siete enanos que excavaban y extraían metal en las montañas. Encendieron sus siete faro-litos y vieron que alguien había venido, pues las co-sas no estaban en el orden en que las habían dejado. El primero dijo:
-¿Quién se sentó en mi sillita?
El segundo:
-¿Quién comió en mi platito?
El tercero:
-¿Quién comió de mi pan?
El cuarto:
-¿Quién comió de mis legumbres?
El quinto.
-¿Quién pinchó con mi tenedor?
El sexto:
-¿Quién cortó con mi cuchillo?
El séptimo:
-¿Quién bebió en mi vaso?
Luego el primero pasó su vista alrededor y vio una pequeña arruga en su cama y dijo:
-¿Quién anduvo en mi lecho?
Los otros acudieron y exclamaron:
-¡Alguien se ha acostado en el mío también! Mi-rando en el suyo, el séptimo descubrió a Blancanie-ves, acostada y dormida. Llamó a los otros, que se precipitaron con exclamaciones de asombro. Enton-ces fueron a buscar sus siete farolitos para alumbrar a Blancanieves.
-¡Oh, mi Dios -exclamaron- qué bella es esta ni-ña!
Y sintieron una alegría tan grande que no la des-pertaron y la dejaron proseguir su sueño. El séptimo enano se acostó una hora con cada uno de sus com-pañeros y así pasó la noche.
Al amanecer, Blancanieves despertó y viendo a los siete enanos tuvo miedo. Pero ellos se mostraron amables y le preguntaron.
-¿Cómo te llamas?
-Me llamo Blancanieves -respondió ella.
-¿Como llegaste hasta nuestra casa?
Entonces ella les contó que su madrastra había querido matarla pero el cazador había tenido piedad de ella permitiéndole correr durante todo el día hasta encontrar la casita.
Los enanos le dijeron:
-Si quieres hacer la tarea de la casa, cocinar, ha-cer las camas, lavar, coser y tejer y si tienes todo en orden y bien limpio puedes quedarte con nosotros; no te faltará nada.
-Sí -respondió Blancanieves- acepto de todo co-razón. Y se quedó con ellos.
Blancanieves tuvo la casa en orden. Por las ma-ñanas los enanos partían hacia las montañas, donde buscaban los minerales y el oro, y regresaban por la noche. Para ese entonces la comida estaba lista.
Durante todo el día la niña permanecía sola; los buenos enanos la previnieron:
-¡Cuídate de tu madrastra; pronto sabrá que estás aquí! ¡No dejes entrar a nadie!
La reina, una vez que comió los que creía que eran los pulmones y el hígado de Blancanieves, se creyó de nuevo la principal y la más bella de todas las mujeres. Se puso ante el espejo y dijo:
¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?
Entonces el espejo respondió.
Pero, pasando los bosques,
en la casa de los enanos,
la linda Blancanieves lo es mucho más.
La Reina es la más hermosa de este lugar
La reina quedó aterrorizada pues sabía que el es-pejo no mentía nunca. Se dio cuenta de que el caza-dor la había engañado y de que Blancanieves vivía. Reflexionó y buscó un nuevo modo de deshacerse de ella pues hasta que no fuera la más bella de la re-gión la envidia no le daría tregua ni reposo. Cuando finalmente urdió un plan se pintó la cara, se vistió como una vieja buhonera y quedó totalmente irre-conocible.
Así disfrazada atravesó las siete montañas y llegó a la casa de los siete enanos, golpeó a la puerta y gritó:
-¡Vendo buena mercadería! ¡Vendo! ¡Vendo!
Blancanieves miró por la ventana y dijo:
-Buen día, buena mujer. ¿Qué vende usted?
-Una excelente mercadería -respondió-; cintas de todos colores.
La vieja sacó una trenzada en seda multicolor, y Blancanieves pensó:
-Bien puedo dejar entrar a esta buena mujer.
Corrió el cerrojo para permitirle el paso y poder comprar esa linda cinta.
-¡Niña -dijo la vieja- qué mal te has puesto esa cinta! Acércate que te la arreglo como se debe.
Blancanieves, que no desconfiaba, se colocó delante de ella para que le arreglara el lazo. Pero rápi-damente la vieja lo oprimió tan fuerte que Blancanieves perdió el aliento y cayó como muerta.
-Y bien -dijo la vieja-, dejaste de ser la más bella. Y se fue.
Poco después, a la noche, los siete enanos regre-saron a la casa y se asustaron mucho al ver a Blanca-nieves en el suelo, inmóvil. La levantaron y descubrieron el lazo que la oprimía. Lo cortaron y Blancanieves comenzó a respirar y a reanimarse po-co a poco.
Cuando los enanos supieron lo que había pasado dijeron:
-La vieja vendedora no era otra que la malvada reina. ¡Ten mucho cuidado y no dejes entrar a nadie cuando no estamos cerca!
Cuando la reina volvió a su casa se puso frente al espejo y preguntó:
¡Espejito, espejito, de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?
Entonces, como la vez anterior, respondió:
La Reina es la más hermosa de este lugar,
Pero pasando los bosques,
en la casa de los enanos,
la linda Blancanieves lo es mucho más.
Cuando oyó estas palabras toda la sangre le aflu-yó al corazón. El terror la invadió, pues era claro que Blancanieves había recobrado la vida.
-Pero ahora -dijo ella- voy a inventar algo que te hará perecer.
Y con la ayuda de sortilegios, en los que era ex-perta, fabricó un peine envenenado. Luego se disfra-zó tomando el aspecto de otra vieja. Así vestida atravesó las siete montañas y llegó a la casa de los siete enanos. Golpeó a la puerta y gritó:
-¡Vendo buena mercadería! ¡Vendo! ¡Vendo!
Blancanieves miró desde adentro y dijo:
-Sigue tu camino; no puedo dejar entrar a nadie.
-Al menos podrás mirar -dijo la vieja, sacando el peine envenenado y levantándolo en el aire.
Tanto le gustó a la niña que se dejó seducir y abrió la puerta. Cuando se pusieron de acuerdo so-bre la compra la vieja le dilo:
-Ahora te voy a peinar como corresponde.
La pobre Blancanieves, que nunca pensaba mal, dejó hacer a la vieja pero apenas ésta le había puesto el peine en los cabellos el veneno hizo su efecto y la pequeña cayó sin conocimiento.
-¡Oh, prodigio de belleza -dijo la mala mujer-ahora sí que acabé contigo!
Por suerte la noche llegó pronto trayendo a los enanos con ella. Cuando vieron a Blancanieves en el suelo, como muerta, sospecharon enseguida de la madrastra. Examinaron a la niña y encontraron el peine envenenado. Apenas lo retiraron, Blancanieves volvió en sí y les contó lo que había sucedido. En-tonces le advirtieron una vez más que debería cui-darse y no abrir la puerta a nadie.
En cuanto llegó a su casa la reina se colocó frente al espejo y dijo:
¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?
Y el espejito, respondió nuevamente:
La Reina es la más hermosa de este lugar.
Pero pasando los bosques,
en la casa de los enanos,
la linda Blancanieves lo es mucho más.
La reina al oír hablar al espejo de ese modo, se estremeció y tembló de cólera.
-Es necesario que Blancanieves muera -exclamó-aunque me cueste la vida a mí misma.
Se dirigió entonces a una habitación escondida y solitaria a la que nadie podía entrar y fabricó una manzana envenenada. Exteriormente parecía buena, blanca y roja y tan bien hecha que tentaba a quien la veía; pero apenas se comía un trocito sobrevenía la muerte. Cuando la manzana estuvo pronta, se pintó la cara, se disfrazó de campesina y atravesó las siete montañas hasta llegar a la casa de los siete enanos.
Golpeó. Blancanieves sacó la cabeza por la ven-tana y dijo:
-No puedo dejar entrar a nadie; los enanos me lo han prohibido.
-No es nada -dijo la campesina- me voy a librar de mis manzanas. Toma, te voy a dar una.
-No-dijo Blancanieves -tampoco debo aceptar nada.
-¿Ternes que esté envenenada? -dijo la vieja-; mi-ra, corto la manzana en dos partes; tú comerás la parte roja y yo la blanca.
La manzana estaba tan ingeniosamente hecha que solamente la parte roja contenía veneno. La be-lla manzana tentaba a Blancanieves y cuando vio a la campesina comer no pudo resistir más, estiró la ma-no y tomó la mitad envenenada. Apenas tuvo un trozo en la boca, cayó muerta.
Entonces la vieja la examinó con mirada horri-ble, rió muy fuerte y dijo.
-Blanca como la nieve, roja como la sangre, ne-gra como el ébano. ¡Esta vez los enanos no podrán reanimarte!
Vuelta a su casa interrogó al espejo:
¡Espejito, espejito de mi habitación!
¿Quién es la más hermosa de esta región? Y el espejo finalmente respondió. La Reina es la más hermosa de esta región.
Entonces su corazón envidioso encontró repo-so, si es que los corazones envidiosos pueden en-contrar alguna vez reposo.
A la noche, al volver a la casa, los enanitos en-contraron a Blancanieves tendida en el suelo sin que un solo aliento escapara de su boca: estaba muerta. La levantaron, buscaron alguna cosa envenenada, aflojaron sus lazos, le peinaron los cabellos, la lava-ron con agua y con vino pelo todo esto no sirvió de nada: la querida niña estaba muerta y siguió están-dolo.
La pusieron en una parihuela. se sentaron junto a ella y durante tres días lloraron. Luego quisieron enterrarla pero ella estaba tan fresca como una per-sona viva y mantenía aún sus mejillas sonrosadas.
Los enanos se dijeron:
-No podemos ponerla bajo la negra tierra. E hi-cieron un ataúd de vidrio para que se la pudiera ver desde todos los ángulos, la pusieron adentro e inscribieron su nombre en letras de oro proclamando que era hija de un rey. Luego expusieron el ataúd en la montaña. Uno de ellos permanecería siempre a su lado para cuidarla. Los animales también vinieron a llorarla: primero un mochuelo, luego un cuervo y más tarde una palomita.
Blancanieves permaneció mucho tiempo en el ataúd sin descomponerse; al contrario, parecía dor-mir, ya que siempre estaba blanca como la nieve, roja como la sangre y sus cabellos eran negros como el ébano.
Ocurrió una vez que el hijo de un rey llegó, por azar, al bosque y fue a casa de los enanos a pasar la noche. En la montaña vio el ataúd con la hermosa Blancanieves en su interior y leyó lo que estaba es-crito en letras de oro.
Entonces dijo a los enanos:
-Dénme ese ataúd; les daré lo que quieran a cambio.
-No lo daríamos por todo el oro del mundo -respondieron los enanos.
-En ese caso -replicó el príncipe- regálenmelo pues no puedo vivir sin ver a Blancanieves. La hon-raré, la estimaré como a lo que más quiero en el mundo.
Al oírlo hablar de este modo los enanos tuvieron piedad de él y le dieron el ataúd. El príncipe lo hizo llevar sobre las espaldas de sus servidores, pero su-cedió que éstos tropezaron contra un arbusto y co-mo consecuencia del sacudón el trozo de manzana envenenada que Blancanieves aún conservaba en su garganta fue despedido hacia afuera. Poco después abrió los ojos, levantó la tapa del ataúd y se irguió, resucitada.
-¡Oh, Dios!, ¿dónde estoy? -exclamó.
-Estás a mi lado -le dijo el príncipe lleno de ale-gría.
Le contó lo que había pasado y le dijo:
-Te amo como a nadie en el mundo; ven conmi-go al castillo de mi padre; serás mi mujer.
Entonces Blancanieves comenzó a sentir cariño por él y se preparó la boda con gran pompa y mag-nificencia.
También fue invitada a la fiesta la madrastra criminal de Blancanieves. Después de vestirse con sus hermosos trajes fue ante el espejo y preguntó:
¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?
El espejo respondió:
La Reina es la más hermosa de este lugar. Pero la joven Reina lo es mucho más.
Entonces la mala mujer lanzó un juramento y tuvo tanto, tanto miedo, que no supo qué hacer. Al principio no quería ir de ningún modo a la boda. Pero no encontró reposo hasta no ver a la joven reina.
Al entrar reconoció a Blancanieves y la angustia y el espanto que le produjo el descubrimiento la de-jaron clavada al piso sin poder moverse.
Pero ya habían puesto zapatos de hierro sobre carbones encendidos y luego los colocaron delante de ella con tenazas. Se obligó a la bruja a entrar en esos zapatos incandescentes y a bailar hasta que le llegara la muerte.

* * * FIN * * *

El Enano Saltarín (Rumpelstiltskin)

Un cuento de los hermanos Grimm







Cuentan que en un tiempo muy lejano el rey decidió pasear por sus dominios, que incluían una pequeña aldea en la que vivía un molinero junto con su bella hija. Al interesarse el rey por ella, el molinero mintió para darse importancia: "Además de bonita, es capaz de convertir la paja en oro hilándola con una rueca." El rey, francamente contento con dicha cualidad de la muchacha, no lo dudó un instante y la llevó con él a palacio.

Una vez en el castillo, el rey ordenó que condujesen a la hija del molinero a una habitación repleta de paja, donde había también una rueca: "Tienes hasta el alba para demostrarme que tu padre decía la verdad y convertir esta paja en oro. De lo contrario, serás desterrada."

La pobre niña lloró desconsolada, pero he aquí que apareció un estrafalario enano que le ofreció hilar la paja en oro a cambio de su collar. La hija del molinero le entregó la joya y... zis-zas, zis-zas, el enano hilaba la paja que se iba convirtiendo en oro en las canillas, hasta que no quedó ni una brizna de paja y la habitación refulgía por el oro.

Cuando el rey vio la proeza, guiado por la avaricia, espetó: "Veremos si puedes hacer lo mismo en esta habitación." Y le señaló una estancia más grande y más repleta de oro que la del día anterior.

La muchacha estaba desesperada, pues creía imposible cumplir la tarea pero, como el día anterior, apareció el enano saltarín: "¿Qué me das si hilo la paja para convertirla en oro?" preguntó al hacerse visible. "Sólo tengo esta sortija." Dijo la doncella tendiéndole el anillo. "Empecemos pues," respondió el enano. Y zis-zas, zis-zas, toda la paja se convirtió en oro hilado. Pero la codicia del rey no tenía fin, y cuando comprobó que se habían cumplido sus órdenes, anunció: "Repetirás la hazaña una vez más, si lo consigues, te haré mi esposa." Pues pensaba que, a pesar de ser hija de un molinero, nunca encontraría mujer con dote mejor. Una noche más lloró la muchacha, y de nuevo apareció el grotesco enano: "¿Qué me darás a cambio de solucionar tu problema?" Preguntó, saltando, a la chica. "No tengo más joyas que ofrecerte," y pensando que esta vez estaba perdida, gimió desconsolada. "Bien, en ese caso, me darás tu primer hijo," demandó el enanillo. Aceptó la muchacha: "Quién sabe cómo irán las cosas en el futuro." - "Dijo para sus adentros." Y como ya había ocurrido antes, la paja se iba convirtiendo en oro a medida que el extraño ser la hilaba. Cuando el rey entró en la habitación, sus ojos brillaron más aún que el oro que estaba contemplando, y convocó a sus súbditos para la celebración de los esponsales.

Vivieron ambos felices y al cabo de una año, tuvieron un precioso retoño. La ahora reina había olvidado el incidente con la rueca, la paja, el oro y el enano, y por eso se asustó enormemente cuando una noche apareció el duende saltarín reclamando su recompensa.

"Por favor, enano, por favor, ahora poseo riqueza, te daré todo lo que quieras." ¿Cómo puedes comparar el valor de una vida con algo material? Quiero a tu hijo," exigió el desaliñado enano. Pero tanto rogó y suplicó la mujer, que conmovió al enano: "Tienes tres días para averiguar cuál es mi nombre, si lo aciertas, dejaré que te quedes con el niño. Por más que pensó y se devanó los sesos la molinerita para buscar el nombre del enano, nunca acertaba la respuesta correcta.

Al tercer día, envió a sus exploradores a buscar nombres diferentes por todos los confines del mundo. De vuelta, uno de ellos contó la anécdota de un duende al que había visto saltar a la puerta de una pequeña cabaña cantando:

"Hoy tomo vino,
y mañana cerveza,
después al niño sin falta traerán.
Nunca, se rompan o no la cabeza,
el nombre Rumpelstiltskin adivinarán!"

Cuando volvió el enano la tercera noche, y preguntó su propio nombre a la reina, ésta le contestó: "¡Te llamas Rumpelstiltskin!"

"¡No puede ser!" gritó él, "¡no lo puedes saber! ¡Te lo ha dicho el diablo!" Y tanto y tan grande fue su enfado, que dio una patada en el suelo que le dejó la pierna enterrada hasta la mitad, y cuando intentó sacarla, el enano se partió por la mitad.


* * * FIN * * *

Hansel y Gretel

Un cuento de los hermanos Grimm  


                                                                                                                                           






Junto a un bosque muy grande vivía un pobre leñador con su mujer y dos hijos; el niño se llamaba Hänsel, y la niña, Gretel. Apenas tenían qué comer, y en una época de carestía que sufrió el país, llegó un momento en que el hombre ni siquiera podía ganarse el pan de cada día. Estaba el leñador una noche en la cama, cavilando y revolviéndose, sin que las preocupaciones le dejaran pegar el ojo; finalmente, dijo, suspirando, a su mujer: - ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Cómo alimentar a los pobres pequeños, puesto que nada nos queda? - Se me ocurre una cosa -respondió ella-. Mañana, de madrugada, nos llevaremos a los niños a lo más espeso del bosque. Les encenderemos un fuego, les daremos un pedacito de pan y luego los dejaremos solos para ir a nuestro trabajo. Como no sabrán encontrar el camino de vuelta, nos libraremos de ellos. - ¡Por Dios, mujer! -replicó el hombre-. Eso no lo hago yo. ¡Cómo voy a cargar sobre mí el abandonar a mis hijos en el bosque! No tardarían en ser destrozados por las fieras. - ¡No seas necio! -exclamó ella-. ¿Quieres, pues, que nos muramos de hambre los cuatro? ¡Ya puedes ponerte a aserrar las tablas de los ataúdes! -. Y no cesó de importunarle hasta que el hombre accedió-. Pero me dan mucha lástima -decía.

Los dos hermanitos, a quienes el hambre mantenía siempre desvelados, oyeron lo que su madrastra aconsejaba a su padre. Gretel, entre amargas lágrimas, dijo a Hänsel: - ¡Ahora sí que estamos perdidos! - No llores, Gretel -la consoló el niño-, y no te aflijas, que yo me las arreglaré para salir del paso. Y cuando los viejos estuvieron dormidos, levantóse, púsose la chaquetita y salió a la calle por la puerta trasera. Brillaba una luna esplendoroso y los blancos guijarros que estaban en el suelo delante de la casa, relucían como plata pura. Hänsel los fue recogiendo hasta que no le cupieron más en los bolsillos. De vuelta a su cuarto, dijo a Gretel: - Nada temas, hermanita, y duerme tranquila: Dios no nos abandonará -y se acostó de nuevo.

A las primeras luces del día, antes aún de que saliera el sol, la mujer fue a llamar a los niños: - ¡Vamos, holgazanes, levantaos! Hemos de ir al bosque por leña-. Y dando a cada uno un pedacito de pan, les advirtió-: Ahí tenéis esto para mediodía, pero no os lo comáis antes, pues no os daré más. Gretel se puso el pan debajo del delantal, porque Hänsel llevaba los bolsillos llenos de piedras, y emprendieron los cuatro el camino del bosque. Al cabo de un ratito de andar, Hänsel se detenía de cuando en cuando, para volverse a mirar hacia la casa. Dijo el padre: - Hänsel, no te quedes rezagado mirando atrás, ¡atención y piernas vivas! - Es que miro el gatito blanco, que desde el tejado me está diciendo adiós -respondió el niño. Y replicó la mujer: - Tonto, no es el gato, sino el sol de la mañana, que se refleja en la chimenea. Pero lo que estaba haciendo Hänsel no era mirar el gato, sino ir echando blancas piedrecitas, que sacaba del bolsillo, a lo largo del camino.

Cuando estuvieron en medio del bosque, dijo el padre: - Recoged ahora leña, pequeños, os encenderé un fuego para que no tengáis frío. Hänsel y Gretel reunieron un buen montón de leña menuda. Prepararon una hoguera, y cuando ya ardió con viva llama, dijo la mujer: - Poneos ahora al lado del fuego, chiquillos, y descansad, mientras nosotros nos vamos por el bosque a cortar leña. Cuando hayamos terminado, vendremos a recogeros.

Los dos hermanitos se sentaron junto al fuego, y al mediodía, cada uno se comió su pedacito de pan. Y como oían el ruido de los hachazos, creían que su padre estaba cerca. Pero, en realidad, no era el hacha, sino una rama que él había atado a un árbol seco, y que el viento hacía chocar contra el tronco. Al cabo de mucho rato de estar allí sentados, el cansancio les cerró los ojos, y se quedaron profundamente dormidos. Despertaron, cuando ya era noche cerrada. Gretel se echó a llorar, diciendo: - ¿Cómo saldremos del bosque? Pero Hänsel la consoló: - Espera un poquitín a que brille la luna, que ya encontraremos el camino. Y cuando la luna estuvo alta en el cielo, el niño, cogiendo de la mano a su hermanita, guiose por las guijas, que, brillando como plata batida, le indicaron la ruta. Anduvieron toda la noche, y llegaron a la casa al despuntar el alba. Llamaron a la puerta y les abrió la madrastra, que, al verlos, exclamó: - ¡Diablo de niños! ¿Qué es eso de quedarse tantas horas en el bosque? ¡Creíamos que no queríais volver! El padre, en cambio, se alegró de que hubieran vuelto, pues le remordía la conciencia por haberlos abandonado.

Algún tiempo después hubo otra época de miseria en el país, y los niños oyeron una noche cómo la madrastra, estando en la cama, decía a su marido: - Otra vez se ha terminado todo; sólo nos queda media hogaza de pan, y sanseacabó. Tenemos que deshacernos de los niños. Los llevaremos más adentro del bosque para que no puedan encontrar el camino; de otro modo, no hay salvación para nosotros. Al padre le dolía mucho abandonar a los niños, y pensaba: "Mejor harías partiendo con tus hijos el último bocado." Pero la mujer no quiso escuchar sus razones, y lo llenó de reproches e improperios. Quien cede la primera vez, también ha de ceder la segunda; y, así, el hombre no tuvo valor para negarse.

Pero los niños estaban aún despiertos y oyeron la conversación. Cuando los viejos se hubieron dormido, levantóse Hänsel con intención de salir a proveerse de guijarros, como la vez anterior; pero no pudo hacerlo, pues la mujer había cerrado la puerta. Dijo, no obstante, a su hermanita, para consolarla: - No llores, Gretel, y duerme tranquila, que Dios Nuestro Señor nos ayudará.

A la madrugada siguiente se presentó la mujer a sacarlos de la cama y les dio su pedacito de pan, más pequeño aún que la vez anterior. Camino del bosque, Hänsel iba desmigajando el pan en el bolsillo y, deteniéndose de trecho en trecho, dejaba caer miguitas en el suelo. - Hänsel, ¿por qué te paras a mirar atrás? -preguntóle el padre-. ¡Vamos, no te entretengas! - Estoy mirando mi palomita, que desde el tejado me dice adiós. - ¡Bobo! -intervino la mujer-, no es tu palomita, sino el sol de la mañana, que brilla en la chimenea. Pero Hänsel fue sembrando de migas todo el camino.

La madrastra condujo a los niños aún más adentro del bosque, a un lugar en el que nunca había estado. Encendieron una gran hoguera, y la mujer les dijo: - Quedaos aquí, pequeños, y si os cansáis, echad una siestecita. Nosotros vamos por leña; al atardecer, cuando hayamos terminado, volveremos a recogemos. A mediodía, Gretel partió su pan con Hänsel, ya que él había esparcido el suyo por el camino. Luego se quedaron dormidos, sin que nadie se presentara a buscar a los pobrecillos; se despertaron cuando era ya de noche oscura. Hänsel consoló a Gretel diciéndole: - Espera un poco, hermanita, a que salga la luna; entonces veremos las migas de pan que yo he esparcido, y que nos mostrarán el camino de vuelta. Cuando salió la luna, se dispusieron a regresar; pero no encontraron ni una sola miga; se las habían comido los mil pajarillos que volaban por el bosque. Dijo Hänsel a Gretel: - Ya daremos con el camino -pero no lo encontraron. Anduvieron toda la noche y todo el día siguiente, desde la madrugada hasta el atardecer, sin lograr salir del bosque; sufrían además de hambre, pues no habían comido más que unos pocos frutos silvestres, recogidos del suelo. Y como se sentían tan cansados que las piernas se negaban ya a sostenerlos, echáronse al pie de un árbol y se quedaron dormidos.

Y amaneció el día tercero desde que salieron de casa. Reanudaron la marcha, pero cada vez se extraviaban más en el bosque. Si alguien no acudía pronto en su ayuda, estaban condenados a morir de hambre. Pero he aquí que hacia mediodía vieron un hermoso pajarillo, blanco como la nieve, posado en la rama de un árbol; y cantaba tan dulcemente, que se detuvieron a escucharlo. Cuando hubo terminado, abrió sus alas y emprendió el vuelo, y ellos lo siguieron, hasta llegar a una casita, en cuyo tejado se posó; y al acercarse vieron que la casita estaba hecha de pan y cubierta de bizcocho, y las ventanas eran de puro azúcar. - ¡Mira qué bien! -exclamó Hänsel-, aquí podremos sacar el vientre de mal año. Yo comeré un pedacito del tejado; tú, Gretel, puedes probar la ventana, verás cuán dulce es. Se encaramó el niño al tejado y rompió un trocito para probar a qué sabía, mientras su hermanita mordisqueaba en los cristales. Entonces oyeron una voz suave que procedía del interior:
"¿Será acaso la ratita
la que roe mi casita?"
Pero los niños respondieron:
"Es el viento, es el viento
que sopla violento."
Y siguieron comiendo sin desconcertarse. Hänsel, que encontraba el tejado sabrosísimo, desgajó un buen pedazo, y Gretel sacó todo un cristal redondo y se sentó en el suelo, comiendo a dos carrillos. Abrióse entonces la puerta bruscamente, y salió una mujer viejísima, que se apoyaba en una muleta. Los niños se asustaron de tal modo, que soltaron lo que tenían en las manos; pero la vieja, meneando la cabeza, les dijo: - Hola, pequeñines, ¿quién os ha traído? Entrad y quedaos conmigo, no os haré ningún daño. Y, cogiéndolos de la mano, los introdujo en la casita, donde había servida una apetitosa comida: leche con bollos azucarados, manzanas y nueces. Después los llevó a dos camitas con ropas blancas, y Hänsel y Gretel se acostaron en ellas, creyéndose en el cielo.

La vieja aparentaba ser muy buena y amable, pero, en realidad, era una bruja malvada que acechaba a los niños para cazarlos, y había construido la casita de pan con el único objeto de atraerlos. Cuando uno caía en su poder, lo mataba, lo guisaba y se lo comía; esto era para ella un gran banquete. Las brujas tienen los ojos rojizos y son muy cortas de vista; pero, en cambio, su olfato es muy fino, como el de los animales, por lo que desde muy lejos ventean la presencia de las personas. Cuando sintió que se acercaban Hänsel y Gretel, dijo para sus adentros, con una risotada maligna: "¡Míos son; éstos no se me escapan!." Levantóse muy de mañana, antes de que los niños se despertasen, y, al verlos descansar tan plácidamente, con aquellas mejillitas tan sonrosadas y coloreadas, murmuró entre dientes: "¡Serán un buen bocado!." Y, agarrando a Hänsel con su mano seca, llevólo a un pequeño establo y lo encerró detrás de una reja. Gritó y protestó el niño con todas sus fuerzas, pero todo fue inútil. Dirigióse entonces a la cama de Gretel y despertó a la pequeña, sacudiéndola rudamente y gritándole: - Levántate, holgazana, ve a buscar agua y guisa algo bueno para tu hermano; lo tengo en el establo y quiero que engorde. Cuando esté bien cebado, me lo comeré. Gretel se echó a llorar amargamente, pero en vano; hubo de cumplir los mandatos de la bruja.

Desde entonces a Hänsel le sirvieron comidas exquisitas, mientras Gretel no recibía sino cáscaras de cangrejo. Todas las mañanas bajaba la vieja al establo y decía: - Hänsel, saca el dedo, que quiero saber si estás gordo. Pero Hänsel, en vez del dedo, sacaba un huesecito, y la vieja, que tenía la vista muy mala, pensaba que era realmente el dedo del niño, y todo era extrañarse de que no engordara. Cuando, al cabo de cuatro semanas, vio que Hänsel continuaba tan flaco, perdió la paciencia y no quiso aguardar más tiempo: - Anda, Gretel -dijo a la niña-, a buscar agua, ¡ligera! Esté gordo o flaco tu hermano, mañana me lo comeré. ¡Qué desconsuelo el de la hermanita, cuando venía con el agua, y cómo le corrían las lágrimas por las mejillas! "¡Dios mío, ayúdanos! -rogaba-. ¡Ojalá nos hubiesen devorado las fieras del bosque; por lo menos habríamos muerto juntos!." - ¡Basta de lloriqueos! -gritó la vieja-; de nada han de servirte.

Por la madrugada, Gretel hubo de salir a llenar de agua el caldero y encender fuego. - Primero coceremos pan -dijo la bruja-. Ya he calentado el horno y preparado la masa -. Y de un empujón llevó a la pobre niña hasta el horno, de cuya boca salían grandes llamas. Entra a ver si está bastante caliente para meter el pan -mandó la vieja. Su intención era cerrar la puerta del horno cuando la niña estuviese en su interior, asarla y comérsela también. Pero Gretel le adivinó el pensamiento y dijo: - No sé cómo hay que hacerlo; ¿cómo lo haré para entrar? - ¡Habráse visto criatura más tonta! -replicó la bruja-. Bastante grande es la abertura; yo misma podría pasar por ella -y, para demostrárselo, se adelantó y metió la cabeza en la boca del horno. Entonces Gretel, de un empujón, la precipitó en el interior y, cerrando la puerta de hierro, corrió el cerrojo. ¡Allí era de oír la de chillidos que daba la bruja! ¡Qué gritos más pavorosos! Pero la niña echó a correr, y la malvada hechicera hubo de morir quemada miserablemente.

Corrió Gretel al establo donde estaba encerrado Hänsel y le abrió la puerta, exclamando: ¡Hänsel, estamos salvados; ya está muerta la bruja! Saltó el niño afuera, como un pájaro al que se le abre la jaula. ¡Qué alegría sintieron los dos, y cómo se arrojaron al cuello uno del otro, y qué de abrazos y besos! Y como ya nada tenían que temer, recorrieron la casa de la bruja, y en todos los rincones encontraron cajas llenas de perlas y piedras preciosas. - ¡Más valen éstas que los guijarros! -exclamó Hänsel, llenándose de ellas los bolsillos. Y dijo Gretel: - También yo quiero llevar algo a casa -y, a su vez, se llenó el delantal de pedrería. - Vámonos ahora -dijo el niño-; debemos salir de este bosque embrujado -. A unas dos horas de andar llegaron a un gran río. - No podremos pasarlo -observó Hänsel-, no veo ni puente ni pasarela. - Ni tampoco hay barquita alguna -añadió Gretel-; pero allí nada un pato blanco, y si se lo pido nos ayudará a pasar el río -.

Y gritó:
"Patito, buen patito
mío Hänsel y Gretel han llegado al río.
No hay ningún puente por donde pasar;
¿sobre tu blanca espalda nos quieres llevar?."
Acercóse el patito, y el niño se subió en él, invitando a su hermana a hacer lo mismo. - No -replicó Gretel-, sería muy pesado para el patito; vale más que nos lleve uno tras otro. Así lo hizo el buen pato, y cuando ya estuvieron en la orilla opuesta y hubieron caminado otro trecho, el bosque les fue siendo cada vez más familiar, hasta que, al fin, descubrieron a lo lejos la casa de su padre. Echaron entonces a correr, entraron como una tromba y se colgaron del cuello de su padre. El pobre hombre no había tenido una sola hora de reposo desde el día en que abandonara a sus hijos en el bosque; y en cuanto a la madrastra, había muerto. Volcó Gretel su delantal, y todas las perlas y piedras preciosas saltaron por el suelo, mientras Hänsel vaciaba también a puñados sus bolsillos. Se acabaron las penas, y en adelante vivieron los tres felices. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


* * * FIN * * *

Caperucita Roja

Un cuento de los hermanos Grimm








Había una vez una adorable niña que era querida por todo aquél que la conociera, pero sobre todo por su abuelita, y no quedaba nada que no le hubiera dado a la niña. Una vez le regaló una pequeña caperuza o gorrito de un color rojo, que le quedaba tan bien que ella nunca quería usar otra cosa, así que la empezaron a llamar Caperucita Roja. Un día su madre le dijo: "Ven, Caperucita Roja, aquí tengo un pastel y una botella de vino, llévaselas en esta canasta a tu abuelita que esta enfermita y débil y esto le ayudará. Vete ahora temprano, antes de que caliente el día, y en el camino, camina tranquila y con cuidado, no te apartes de la ruta, no vayas a caerte y se quiebre la botella y no quede nada para tu abuelita. Y cuando entres a su dormitorio no olvides decirle, "Buenos días," ah, y no andes curioseando por todo el aposento."

"No te preocupes, haré bien todo," dijo Caperucita Roja, y tomó las cosas y se despidió cariñosamente. La abuelita vivía en el bosque, como a un kilómetro de su casa. Y no más había entrado Caperucita Roja en el bosque, siempre dentro del sendero, cuando se encontró con un lobo. Caperucita Roja no sabía que esa criatura pudiera hacer algún daño, y no tuvo ningún temor hacia él. "Buenos días, Caperucita Roja," dijo el lobo. "Buenos días, amable lobo." - "¿Adonde vas tan temprano, Caperucita Roja?" - "A casa de mi abuelita." - "¿Y qué llevas en esa canasta?" - "Pastel y vino. Ayer fue día de hornear, así que mi pobre abuelita enferma va a tener algo bueno para fortalecerse." - "¿Y adonde vive tu abuelita, Caperucita Roja?" - "Como a medio kilómetro más adentro en el bosque. Su casa está bajo tres grandes robles, al lado de unos avellanos. Seguramente ya los habrás visto," contestó inocentemente Caperucita Roja. El lobo se dijo en silencio a sí mismo: "¡Qué criatura tan tierna! qué buen bocadito - y será más sabroso que esa viejita. Así que debo actuar con delicadeza para obtener a ambas fácilmente." Entonces acompañó a Caperucita Roja un pequeño tramo del camino y luego le dijo: "Mira Caperucita Roja, que lindas flores se ven por allá, ¿por qué no vas y recoges algunas? Y yo creo también que no te has dado cuenta de lo dulce que cantan los pajaritos. Es que vas tan apurada en el camino como si fueras para la escuela, mientras que todo el bosque está lleno de maravillas."

Caperucita Roja levantó sus ojos, y cuando vio los rayos del sol danzando aquí y allá entre los árboles, y vio las bellas flores y el canto de los pájaros, pensó: "Supongo que podría llevarle unas de estas flores frescas a mi abuelita y que le encantarán. Además, aún es muy temprano y no habrá problema si me atraso un poquito, siempre llegaré a buena hora." Y así, ella se salió del camino y se fue a cortar flores. Y cuando cortaba una, veía otra más bonita, y otra y otra, y sin darse cuenta se fue adentrando en el bosque. Mientras tanto el lobo aprovechó el tiempo y corrió directo a la casa de la abuelita y tocó a la puerta. "¿Quién es?" preguntó la abuelita. "Caperucita Roja," contestó el lobo. "Traigo pastel y vino. Ábreme, por favor." - "Mueve la cerradura y abre tú," gritó la abuelita, "estoy muy débil y no me puedo levantar." El lobo movió la cerradura, abrió la puerta, y sin decir una palabra más, se fue directo a la cama de la abuelita y de un bocado se la tragó. Y enseguida se puso ropa de ella, se colocó un gorro, se metió en la cama y cerró las cortinas.

Mientras tanto, Caperucita Roja se había quedado colectando flores, y cuando vio que tenía tantas que ya no podía llevar más, se acordó de su abuelita y se puso en camino hacia ella. Cuando llegó, se sorprendió al encontrar la puerta abierta, y al entrar a la casa, sintió tan extraño presentimiento que se dijo para sí misma: "¡Oh Dios! que incómoda me siento hoy, y otras veces que me ha gustado tanto estar con abuelita." Entonces gritó: "¡Buenos días!," pero no hubo respuesta, así que fue al dormitorio y abrió las cortinas. Allí parecía estar la abuelita con su gorro cubriéndole toda la cara, y con una apariencia muy extraña. "¡!Oh, abuelita!" dijo, "qué orejas tan grandes que tienes." - "Es para oírte mejor, mi niña," fue la respuesta. "Pero abuelita, qué ojos tan grandes que tienes." - "Son para verte mejor, querida." - "Pero abuelita, qué brazos tan grandes que tienes." - "Para abrazarte mejor." - "Y qué boca tan grande que tienes." - "Para comerte mejor." Y no había terminado de decir lo anterior, cuando de un salto salió de la cama y se tragó también a Caperucita Roja.

Entonces el lobo decidió hacer una siesta y se volvió a tirar en la cama, y una vez dormido empezó a roncar fuertemente. Un cazador que por casualidad pasaba en ese momento por allí, escuchó los fuertes ronquidos y pensó, ¡Cómo ronca esa viejita! Voy a ver si necesita alguna ayuda. Entonces ingresó al dormitorio, y cuando se acercó a la cama vio al lobo tirado allí. "¡Así que te encuentro aquí, viejo pecador!" dijo él."¡Hacía tiempo que te buscaba!" Y ya se disponía a disparar su arma contra él, cuando pensó que el lobo podría haber devorado a la viejita y que aún podría ser salvada, por lo que decidió no disparar. En su lugar tomó unas tijeras y empezó a cortar el vientre del lobo durmiente. En cuanto había hecho dos cortes, vio brillar una gorrita roja, entonces hizo dos cortes más y la pequeña Caperucita Roja salió rapidísimo, gritando: "¡Qué asustada que estuve, qué oscuro que está ahí dentro del lobo!," y enseguida salió también la abuelita, vivita, pero que casi no podía respirar. Rápidamente, Caperucita Roja trajo muchas piedras con las que llenaron el vientre del lobo. Y cuando el lobo despertó, quizo correr e irse lejos, pero las piedras estaban tan pesadas que no soportó el esfuerzo y cayó muerto.

Las tres personas se sintieron felices. El cazador le quitó la piel al lobo y se la llevó a su casa. La abuelita comió el pastel y bebió el vino que le trajo Caperucita Roja y se reanimó. Pero Caperucita Roja solamente pensó: "Mientras viva, nunca me retiraré del sendero para internarme en el bosque, cosa que mi madre me había ya prohibido hacer."



También se dice que otra vez que Caperucita Roja llevaba pasteles a la abuelita, otro lobo le habló, y trató de hacer que se saliera del sendero. Sin embargo Caperucita Roja ya estaba a la defensiva, y siguió directo en su camino. Al llegar, le contó a su abuelita que se había encontrado con otro lobo y que la había saludado con "buenos días," pero con una mirada tan sospechosa, que si no hubiera sido porque ella estaba en la vía pública, de seguro que se la hubiera tragado. "Bueno," dijo la abuelita, "cerraremos bien la puerta, de modo que no pueda ingresar." Luego, al cabo de un rato, llegó el lobo y tocó a la puerta y gritó: "¡Abre abuelita que soy Caperucita Roja y te traigo unos pasteles!" Pero ellas callaron y no abrieron la puerta, así que aquel hocicón se puso a dar vueltas alrededor de la casa y de último saltó sobre el techo y se sentó a esperar que Caperucita Roja regresara a su casa al atardecer para entonces saltar sobre ella y devorarla en la oscuridad. Pero la abuelita conocía muy bien sus malas intenciones. Al frente de la casa había una gran olla, así que le dijo a la niña: "Mira Caperucita Roja, ayer hice algunas ricas salsas, por lo que trae con agua la cubeta en las que las cociné, a la olla que está afuera." Y llenaron la gran olla a su máximo, agregando deliciosos condimentos. Y empezaron aquellos deliciosos aromas a llegar a la nariz del lobo, y empezó a aspirar y a caminar hacia aquel exquisito olor. Y caminó hasta llegar a la orilla del techo y estiró tanto su cabeza que resbaló y cayó de bruces exactamente al centro de la olla hirviente, ahogándose y cocinándose inmediatamente. Y Caperucita Roja retornó segura a su casa y en adelante siempre se cuidó de no caer en las trampas de los que buscan hacer daño.


* * * FIN * * *

miércoles, 22 de mayo de 2013

La historia del cuento infantil.


"Origen y Evolución del cuento infantil "
Romina Rossini y Dolores Calvo
Los primeros cuentos de que se tenga noticia tuvieron origen hace más de cuatro mil años. Fueron escritos en lenguas de asirios y babilonios.
A comienzos del Renacimiento, encontramos escritores que, rescatando la cuentística de la tradición oral- tanto local como del Medio oriente- deleitaron a sus contemporáneos e hicieron pensar, en algunos casos, que pudieron ser fuente de inspiración para Charles Perreault, y en Alemania, los hermanos Grimm.
Entre estas historias de tradición oral están:
• “Cinderella” o “La Cenicienta”
• “Piel de Asno”
• “El gato con botas”
• “El pájaro encantado” y otras.
En su libro Escritos para niños, John Rowe Townsend reconoce dos orígenes a la prehistoria de la literatura infantil:
A) El material dedicado específicamente a los chicos, pero que no eran cuentos.
B) Los cuentos, que no habían sido pensados específicamente para esa edad.
En el siglo siguiente se publicaron historias procedentes del continente ya que la cultura venía de allí, con bríos reforzados. Las mismas fueron atacadas por un crecido número de puritanos que las consideraban heréticas y corruptoras. Indudablemente, eran conscientes de que esas narraciones fantásticas e imaginativas o a veces licenciosas, llegaban de un modo o de otro a mano de los chicos. Y el resultado fue que las mismas historias circularon en ediciones baratas y clandestinas por todo ese ambiente y podían adquirirse por poco dinero de buhoneros y vendedores ambulantes.
El pensador y pedagogo checo Jan Amos Komensky, crea entre 1650 y 1654 su Orbis, Sensualim Pictus Quedrilinguis y lo publica en Alemania en 1658. Leibniz, Goehte entre otros lo recuerdan como “el libro de su infancia”.
Esta edición de El mundo en imágenes era, a la vez que una especie de enciclopedia ilustrada para niños, un manual de latín, presentaba a los chicos conocimientos someros de las cosas del mundo que los rodeaba y de las actividades de los seres humanos.
A partir de entonces y durante los dos siglos siguientes, la literatura destinada a los pequeños fue fundamentalmente la de los cuentos morales.
En 1668 se publican las Fábulas de La Fontaine. El escritor está convencido de que la fábula es el género adecuado para que los niños aprendan a distinguir entre el bien y el mal. Lo esencial es instruir deleitando y por ello dedica y envía su libro al hijo mayor de Luis XIV diciéndoles, entre otros conceptos:
“...Es un entretenimiento que conviene a vuestros primeros años. Estáis en una edad en que la diversión y los juegos se permiten a los príncipes; pero al mismo tiempo debéis dedicaros a reflexiones serias. Todo lo cual se halla en las fábulas que hemos de agradecer a Esopo.
La apariencia es pueril, lo confieso, pero estas puerilidades encubren, muchas veces, verdades muy importantes.”
La Fontaine reconocía dos maestros: la naturaleza y la antigüedad. Sus fábulas presentan tanto comedia humana como un retrato de la vida contemporánea, disfrazado en el mundo animal de la campiña francesa, a través de una serie de escenas dramáticas donde se cruzan tragedia, comedia, realismo, lirismo, elegía y anécdota. Con ironía pero sin sensibilidades, hay en sus fábulas observaciones agudas, traducidas con lirismo y vocabulario rico y lleno de términos regionales.
En una época en que la lectura y la escritura comienzan a ser instrumentos de aplicación real y de usos más difundidos- por no hablar de un empleo todavía generalizado- empieza a publicarse material para ese público que antes pocos tomaban en consideración: el público infantil.

En 1697, con la temática de los relatos de tradición oral, Charles Perrault (1) publica en Francia Los cuentos de mi madre la Oca, dirigiéndose...” al mismo público que recibió jubilosamente las obras a medida que les fueron ofrecidas por separado”. El autor escribe un prefacio a la primera edición de sus cuentos:
“... Es cierto que algunas personas que gustan aparentar gravedad, los miraron con desprecio; sin embargo tuvimos la satisfacción de observar que las personas de buen gusto los juzgaron de manera distinta.
Se complacieron en observar que tales bagatelas no eran simples fruslerías, antes bien, entrañaban una moral útil y que la divertida narración que le servía de envoltura fue escogida tan sólo para hacerlas penetrar en el ánimo del lector de manera más agradable...”
Perrault diferencia los mitos de los cuentos de hadas. Los primeros representan el sentido trágico de la vida; en ellos las tensiones se mantienen vigentes y sus héroes siempre terminan siendo sacrificados. Sus pecados no
logran jamás la redención, y el castigo que reciben de los dioses es horrendo y eterno.
El sentido dramático de los cuentos de hadas busca un cambio, en sus finales, una conciliación para el conflicto. Su intención moralizadora hace que los buenos triunfen y que sus esfuerzos sean premiados por una vida feliz...”Y vivieron felices...” Además. Aun las situaciones que incluyen imágenes atemorizantes, obedecen a cánones literarios que los chicos alcanzan a intuir como tales, a partir del extrañamiento temporal o corporal “ Había una vez...”; “En un país muy lejano...” Y son esas palabras las que le permiten inferir, analizar y estructurar sus sistemas de valoración y sus códigos éticos.
El libro de Perrault es pequeño contiene tan sólo once cuentos:
• “Griselides”
• “Los deseos ridículos”
• “Piel de Asno”
• “La bella durmiente del bosque”
• “Las hadas”
• “Cenicienta”
• “Caperucita roja”
• “Barba azul”
• “El gato con botas”
• “Pulgarcito” y
• “Riquete el del copete”
Los cuentos como “La bella durmiente” y la “Cenicienta”, podrían encuadrarse en la categoría de cuentos maravillosos, basándonos en la siguiente definición de Roger Ciallois: “El mundo de las hadas es un universo maravilloso que se añade al mundo real sin atentar contra él ni destruir su coherencia... Allí lo sobrenatural no es espantoso, incluso no es sorprendente....está naturalmente poblado de dragones, de unicornios y de hadas, los milagros y las metamorfosis allí son continuos; la varita mágica de uso corriente”
En ambos cuentos existe la presencia de hadas, y se dan diversas metamorfosis en los personajes ( en “La Cenicienta” los animales son transformados por el hada madrina en carroza, conductor, etc.) En “La bella durmiente” aparecen dragones, castillos embrujados, hechizos, brujos, etc.
Con las ilustraciones de Gustavo Diré, uno de los más grandes grabadores en la historia del arte, estos cuentos alcanzaron una magnífica calidad de edición y una difusión tal que, a trescientos años de su primera publicación, aún hoy tienen vigencia.
Ilustraciones:
Sarah Trimer publicó en el “Guardian of education” la siguiente crítica a”Cenicienta”:
“Cenicienta pinta algunas de las peores pasiones que pueden entrar en el alma humana y de las cuales los niños pequeños deberían ser, en lo posible, totalmente ignorantes: la envidia, los celos, el disgusto por la suegra, las medio hermanas, la vanidad, el amor por la ropa, etc...”

Los hermanos Grimm, Jacob- el mayor (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859)- fueron los más unidos del grupo de serie hermanos y su interés por la literatura y las letras los mantuvo ligados toda su vida.
Ambos habían nacido sobre el Cassel, sobre el Fulda, estudiaron leyes, y ambos murieron en Berlín. Consagraron su inteligencia y su constancia a la ciencia del folklore de su país.
En 1812 publicaron su primer libro de relatos populares y en el prólogo de la obra se comprometen a ser fieles y veraces, omitiendo en sus narraciones elementos de su propia imaginación o adornos puramente literarios.
Sólo una pequeña parte de los volúmenes con 210 títulos que publicaron fue traducida al español. Dedicados a la filología, su intención no era la de escribir relatos para niños; sin embargo, al tratarse de historias de tradición oral de antigua data, sus contenidos, con gracia y colorido, fueron aceptados por el pueblo sin distinción de edad, porque formaban parte intrínseca de la sabiduría popular. Por otra parte habían sido recogidos de todos los rincones del país respetando usos, costumbres, creencias y localismos.
Es interesante señalar que en los cuentos de los Grimm hay duendes, gigantes, príncipes, madrastras, mujeres savias...pero no hay hadas ni varitas mágicas. Sus enseñanzas apuntan más a demostrar lo que se logra con la astucia, el ingenio, la sagacidad o la perseverancia. A través de ellos el lector no acompaña a un héroe en sus peripecias en la búsqueda del “objeto mágico”. Más bien es testigo de los recursos de que se vale cada protagonista para salir airosos cada vez que su vida está en peligro o que el destino lo pone a prueba .
Se trata en su mayoría de los mismos protagonistas de cuentos similares de otras latitudes, sólo que los Grimm, por sus investigaciones lingüísticas y por su amor hacia el idioma alemán, exaltaron el alma viva de sus leyendas o el ingenio de sus “casos “ o “sucesos”, circunscribiéndolos histórica y geográficamente a las fronteras de Alemania.
Podríamos incluir a los cuentos de los hermanos Grimm, dentro de los cuentos folklóricos, ya que se trataban de historias antiguas de la tradición oral de su país. El término “folklore” significa “saber del pueblo”. Integran el folklore aquellas manifestaciones que, surgidas en el seno del pueblo y en una región determinada, se han transmitido a través de las generaciones, preservadas por la tradición.
Entre otros cuentos de estos autores están:
“ Blanca nieves”
“ Hansel y Gretel”
“ Las doce princesas”.
En el primer caso no aparecen las hadas o las varitas mágicas, lo cual coincidiría con las características de estos cuentos nombradas anteriormente. Existen enanos, brujas, hechizos y la madrastra.
En el segundo, aparece la madrastra, que quiere deshacerse de los niños, tampoco existe la presencia de hadas o varitas mágicas.
En el tercer caso, aparecen príncipes y princesas, una mujer sabia, sin embargo no existen hadas.

El origen de Hans Christian Andersen (1805-1875) fue sumamente humilde. A la muerte de su padre su madre intentó orientarlo en el oficio de sastre. Sin embargo su interés estaba en el teatro.
Fue prácticamente analfabeto hasta los catorce años. En esa época se instaló en Copenhague y trató de incorporarse al Conservatorios Nacional, con la ayuda de su director. Sus conocimientos no fueron suficientes pero logró en cambio una beca para finalizar sus estudios elementales. La falta de credibilidad que demostraban sus cuentos de debía a una ausencia absoluta de datos ciertos de historia, geografía y de todo en cuanto se relacionara con ellas. No obstante pudo transmitir con imaginación y magia, en cada relato aspectos del amplio espectro de los sentimientos humanos.
Con Andersen aparece por primera vez el desenlace triste. Los niños no lloran en los cuentos de Perrault o de Grimm porque los cuentos tradicionales son abstractos e irreales. Pase lo que pase en ellos, a uno no puede ocurrirle nada. Tiene como anatema las indicaciones extrapolares de tiempo y espacio, antes mencionadas. Andersen no busca atenuantes para sus finales tristes. Sus arquetipos, como los de los cuentos de hadas, sirven quizás para introducir a los chicos en la ficción de lo literario.
Los cuentos de Andersen podrían caracterizarse como fantásticos según la definición de Emilio Carilla: “Al mundo fantástico pertenece lo que escapa o no está en los límites de la explicación científica y realista; lo que está fuera del mundo circundante y demostrable.”
Mientras en el mundo de las hadas la magia y el encantamiento se aceptan como hechos cotidianos y naturales, lo fantástico irrumpe como lo inexplicable, lo misteriosos y lo insólito.
Se produce entonces una duda: o lo fantástico es una ilusión de los sentidos o bien es parte de una realidad regida por leyes desconocidas. Por lo tanto “ lo fantástico es la vacilación experimentada por un ser que no conoce más que las leyes naturales, frente a un acontecimiento aparentemente sobrenatural”. (Todorov)
Los relatos fantásticos presentan diversas características:
• La metamorfosis: cambio de un ser a otro, con un carácter cruel.
• El retorno del más allá: centrado en los aparecidos o fantasmas.
• El doble: temas con seres desdoblados o vidas paralelas, sustentan la idea de personalidad doble.
• Lo visible e invisible: ligados al tema del más allá, juegan con la posibilidad de ver lo que no es visible, como el alma u ocultar lo visible, como el cuerpo.
• El tiempo: contraído o dilatado, se vuelve circular, es eterno, sufre interrupciones, posibilita viajes al pasado o al futuro.
• El espacio: lugares que desaparecen, cambios en los tamaños, espacio infinito, discontinuo.
Según esta definición y caracterización del cuento fantástico, podemos incluir en esta categoría cuentos como, “El patito feo”, “La sirenita”, entro otros.
“El patito feo”, presenta una metamorfosis, de pato a cisne. “La sirenita” en cambio no presenta un feliz desenlace, porque el personaje de la sirenita queda convertida en espuma y no puede realizar se sueño de transformarse en humana y vivir con el hombre amado. Aparece además la metamorfosis del personaje, de sirena a humano.

Alicia en el País de las Maravillas y A través del espejo, de Lewis Carrol (1832-1898).
El mundo absurdo de la poesía infantil inglesa de los Limericks y de los ‘ nursery rhymes’- aparecidos hacia fines del siglo XVIII, y que hicieron las delicias de los angloparlantes de cualquier edad- se reflejaba en las cartas que, a menudo, recibía de su padre, Charles Dogson, verdadero nombre de Lewis Carrol.
El nonsense, ese mundo al revés con imágenes disparatadas y frases más disparatadas aún, de la Inglaterra victoriana, aparece en sus historias como natural consecuencia.
Etimológicamente, el término absurdo proviene del latín y significa dicho contrario a la razón.En literatura adopta dos modalidades: una vinculada con el juego verbal disparatado y jocoso, y otra más metafórica.
La primera se entronca con el folklore. La memoria popular, como diversión, ha conservado formas rimadas de carácter lúdico en las que el ingenio aproxima, las similitudes o los contrastes fónicos o semánticos o ambos a la vez.
La otra modalidad dentro del absurdo consistente en la representación metafórica del caos. Alicia, el personaje de Lewis Carroll, cambia dimensiones, juega croquet con la Reina de Corazones, es citada como testigo en el proceso de la sota y hasta sufre el acoso de las barajas.Pese a sus características contrarias a la razón, los textos absurdos se atienen a leyes de organización, leyes que rigen el caos.

Ilustraciones:
Carlo Collodi (1826-1890) Pinocho
En 1881 comenzaron a publicarse estas aventuras en el Giornale per i Bambini, en Italia. La curiosa génesis de las aventuras del muñeco de madera es un ejemplo claro de colaboración entre un autor y sus lectores. La ‘bambinata ‘ de Collodi terminaba en el momento en que los asesinos ahorcaban a Pinocho. Los niños protestaron ante semejante final de la aventura lo que provocó su modificación.

Con la Alicia de Lewis Carrol, Pinocho tiene en común la capacidad de desplegar en los momentos más embarazosos, sus perfectos ‘ buenos modales’. Así, cuando el guardián se niega a dejarlo salir de la cárcel aduciendo que la amnistía comprende sólo a los “malandrines”, él responde muy educadamente: “ Le pido me perdone, pero yo también soy un malandrín”
Hay estudios importantes hechos sobre el riquísimo simbolismo y el singular carácter de la naturaleza humana que presenta la historia:
1. Geppeto, el carpintero- demiurgo (dios creador en las filosofías platónicas) es un artista. Construye marionetas perfectas pero con hilos visibles. Para ser artífice completo le falta sólo el atributo de otorgar la vida humana y puede adivinarse empero que si no la da, lo desea profundamente.
2. El Hada, proviene del cielo y brinda el don de la vida, es la imagen de la madre protectora.
3. Pepito grillo, es la conciencia de Pinocho: es el alma humana provista de libertad, ejercita su libre albedrío con responsabilidad
4. Pinocho, el niño marioneta, es seducido por su misma sombra y se quiere no esencialmente marioneta cósmica sino juguete autártico. De ese modo, da tristemente el espectáculo de ser sombra y no, marioneta “digna de Dios”. En el momento que se siente juguete de vanidad que pende del vacío, le basta con volver su mirada hacia su interior. La sabiduría no lo ha abandonado.

Muchos años después Bruno Bettelheim expresaría en su libro, The uses of enchantement, traducido como Psicoanálisis de los Cuentos de Hadas , que el uso de los antiguos cuentos tradicionales , como recurso en tratamientos de chicos autistas, o con otras perturbaciones psicológicas, demostraba que, no sólo no se asustaban de los hechos sangrientos sino que los aceptaban con clara conciencia de que el “ Había una vez” o “En un país muy lejano” eran la llave para ingresar en un mundo de fantasía en el que si los protagonistas lograban salvarse , ellos también podrían salir airosos de los problemas acuciantes que los atormentaban en ese momento, identificados con aquellos héroes y heroínas.

CUENTOS INFANTILES ( notas principales).
Origen y evolución. Clasificación y caracterización:
* Los primeros cuentos de que se tenga noticia tuvieron origen hace más de cuatro mil años. (página 1)
* Se reconocen dos orígenes a la prehistoria de la literatura infantil:
C) El material dedicado específicamente a los chicos, pero que no eran cuentos.
D) Los cuentos, que no habían sido pensados específicamente para esa edad.
(página 1)
1650 y 1654 
* El pensador y pedagogo checo Jan Amos Komensky, crea entre un libro que, Goehte entre otros lo recuerdan como “el libro de su infancia”. (página 1)
1668 
* Se publican las Fábulas de La Fontaine (página 2)
1697
* Con la temática de los relatos de tradición oral, Charles Perrault publica en Francia Los cuentos de mi madre la Oca (página 2).
* Los cuentos como “La bella durmiente” y la “Cenicienta”, podrían encuadrarse en la categoría de cuentos maravillosos (página 3)
1812 
Los hermanos Grimm., Jacob y Wilhelm publicaron su primer libro de relatos populares. Consagraron su inteligencia y su constancia a la ciencia del folklore de su país. (página 4/5)
* Podríamos incluir a los cuentos de los hermanos Grimm, dentro de los cuentos folklóricos, ya que se trataban de historias antiguas de la tradición oral de su país su país (página 5)
(1805-1875)
* Con Andersen aparece por primera vez el desenlace triste (página 6)
* Los cuentos de Andersen podrían caracterizarse como fantásticos(página 6)
(1832-1898)., Lewis Carrol 
* El nonsense, ese mundo al revés con imágenes disparatadas y frases más disparatadas aún, de la Inglaterra victoriana, aparece en sus historias como natural consecuencia. (página 7)
* Ubicamos sus cuentos dentro del absurdo: el término absurdo proviene del latín y significa dicho contrario a la razón.En literatura adopta dos modalidades: La primera se entronca con el folklore. La segunda, consistente en la representación metafórica del caos. (página 7)
(1826-1890) 
Carlo Collodi , En 1881 comenzaron a publicarse las aventuras de Pinocho en el Giornale per i Bambini, en Italia(página 9).
* Uso de simbolismo. (página 10)

La clasificación de cuentos infantiles comprende ademas del. Flokolrico, fantástico. maravilloso y absurdo. Las categorías de : policial, ciencia ficción.
Policial:
- Los cuentos policiales definidos por Van Dine, son “una especie de juego de la inteligencia en el que el autor debe medirse lealmente con el lector, cuyo objetivo final es aclarar un misterio.
Parte de una situación misteriosa, para pasar inmediatamente a la investigación, ésta se basa en el análisis de indicios y la eliminación paulatina de sospechas para llegar, en medio de una atmósfera de suspenso, a un desenlace imprevisto
Ciencia Ficción:
- La ciencia-ficción, surgida de los descubrimientos y de los progresos técnicos, se sustenta por un lado en la física nuclear, la química y la cibernética; por otro, en una hipótesis deductiva planteada literariamente. Establece un equilibrio entre la verdad científica y la ilusión.

Características del cuento infantil según las diferentes edades.
Características del lector infantil según las diferentes etapas
A los dos años ,les atrae los libros “para mirar”, que pueda escuchar con placer por su ritmo y sonoridad.
El lector descifra colores, formas y también tamaño y volumen. Le llama la atención los libros grandes, con ilustraciones amplias, de pocos trazados y con formas realistas que puede identificar con el entorno. Vive muchas sensaciones corporalmente, a través del dibujo que ve, o de las palabras que escucha.

A los tres años aproximadamente, el libro le propone historias o poemas breves que pueden repetirse .
Al lector le interesa escuchar las historias e identificarlas con los dibujos, y eventualmente, repetirlas de memoria como si la estuvieran leyendo.
Los libros dedicados a niños de cinco años aproximadamente, se caracterizan porque conservan sus relatos unidad en el tiempo y lugar y personajes simples con roles muy bien definidos. También las ilustraciones deben ser claras, aunque pueden tener más detalles que las de etapas anteriores, y ser de menor tamaño.
El lector suele reconocer la escritura de algunas palabras y disfruta descifrándolas, memoriza textos que le gustan, y quiere escuchar el relato una y otra vez. Aprecia mucho los libros de láminas de textos simples con los que puede ir familiarizándose como así también con ilustraciones ricas en imágenes.
Para los lectores de siete años aproximadamente, los libros tienen que tener una buena historia que este acompañada por ilustraciones.
Todavía en esta etapa, la narración debe cuidar la unidad de línea argumental, con secuencias bien definidas, evitando los niveles superpuestos. El lector es inquieto, impaciente, imaginativo, puede armar en su mente escenas de gran fantasía, siempre que pueda contar con los elementos necesarios. Lo perturban las contradicciones entre el texto y las ilustraciones o los cabos sueltos en una historia.
Se identifica con los personajes, tiene un enorme sentido de la justicia y necesita gratificación cuando aparecen elementos dolorosos.
Los libros para niños a partir de 9 años no necesitan tanto de las ilustraciones para interesarlos aunque pueden ser parte de mensajes a decodificar. Inclusive el texto combinado con la gráfica tipo historietas es muy popular en esta edad .
Los cuentos o novelas con capítulos cortos son propicios para esta etapa.
Importan mucho los personajes en los que proyectan sus afectos y con los que fabrican ídolos. En esta etapa se dan contrastes muy grandes ente los niños: gran capacidad de lectura o mucha dificultad para aceptarla, debido a que es la más vulnerable a las influencias del medio.
A partir de los once años los libros presentan como características, tener gran equilibrio en su texto, economía en las palabras y un buen ritmo. L extensión puede variar.
Hay campo para una corta novela en capítulos con una o dos líneas arguméntales, humor salpicado y contextos interesantes como ciencia -ficción, historia, ecología dentro del marco de la aventura. Les atrae el terror, humor, suspenso y también la realidad, inclusive la dolorosa.
El lector aprecia el dramatismo y no tolera sensiblerías, ni una historia rosada en la que se elude la realidad. Es romántico, impaciente, no acepta palabras de más.
Aprecia la buena ilustración, es capaz de disfrutar estéticamente un libro , y de quererlo. Puede llegar a tener escritores e ilustradores favoritos. Es amigo de lo terrorífico y de lo monstruoso pero con una intuición estética.
Es buen crítico y rechaza las historias sin sostén lógico. Puede divertirse con un disparate y con la sátira ya que está empezando a criticar el mundo que lo rodea.
Cuento narrado y cuento leído
El cuento transmitido mediante la palabra oral le llega al niño bajo dos formas: contado o leído por otra persona. Aunque contarle un cuento a un niño no es lo mismo que leérselo, pensamos que el buen lector buscara aproximarse lo más posible al narrador y echará mano de sus recursos, hasta tal punto que las diferencias entre ambas formas de transformación se reducirán al mínimo.
El cuento narrado y el cuento leído poseen un elemento común para lanzar al niño hacia el mundo de la imaginación: la palabra.
El cuento en imágenes tiene además la imagen gráfica, lo cual no siempre resulta favorable para la imaginación del niño. En ocasiones la imagen encauza y limita la fantasía. La imagen, como es sabido, aporta mayor cantidad de información, y en esto puede ser excelente auxiliar de la palabra.

Palabra sin imagen
Es común en los libros destinados a los niños que ya saben leer. Este enfoque está respaldado por una corriente pedagógica que sostiene que la presencia de ilustraciones constituye un elemento inhibidor de la creatividad.
En el plano oral es el recurso típico de la narración.

Imagen sin palabra
Los libros de imagen constituyen una interesante experiencia de “lectura” para el niño que aún no sabe leer. Síntesis armónica de dibujo y color, provocan el asombro y la alegría, favorecen el vuelo imaginativo y alientan al potencial lector para que cree y vivencie situaciones de diversa índole.
Palabra e imagen
Los libros en que texto e imagen se encaran como mutuo complemento tienden a la comprensión de uno y otro mensaje. El niño no lector disfruta con lo sugerido por la ilustración y con el texto que le llega a través de la lectura del adulto. De ahí la importancia de ese adulto lector.
El Ilustrador
El ilustrador de libros infantiles no puede crear al margen del niño, de sus intereses, de la literatura que le es propia. Desconocimiento observable en algunas realizaciones muy realistas o abstractas.
El color desempeña un papel fundamental, lo mismo puede decirse de las figuras de animales y mucho más si están encaradas con cierta dosis de humanización.
Los cuentos de los respectivos autores que hemos nombrado, son en su mayoría textos con palabras e imágenes o ilustraciones. Y han dado lugar a numerosas películas para niños, de las cuales los adultos han sabido también disfrutar.
Cuento clásico y cuento actual
A la luz de estos principios, la literatura infantil cobra nuevos matices.
Su aceptación nos permite establecer comparaciones entre el cuento clásico y el cuento actual, dejando a un lado los riesgos en que han caído interpretaciones partidistas.
He aquí algunos puntos:
1. En cuanto al origen: El cuento clásico o tradicional no fue creado para niños. Es de raíces populares y sólo su esquematismo, su didactismo patente, su ingenuidad y primitivismo y, en algunas ocasiones, las adaptaciones más o menos afortunadas, han hecho que con el tiempo se haya destinado preferentemente al niño, llegando a constituirse en arquetipo del cuento para niños.
El cuento actual, por lo contrario, nace predestinado para el niño. Mientras el
primero ha sido sometido a un largo proceso colectivo de decantación y selección
que ha resistido el paso del tiempo, el segundo es fruto directo de un autor
determinado y concreto, a veces con su finalidad también concreta y determinada.
2. En cuanto a la forma: El cuento clásico ha tenido en la transmisión oral su vehículo y pervivencia hasta su fijación posterior en letra impresa. Naturalmente esta circunstancia le proporciona fórmulas y estructuras típicas de la narración oral-triple repetición de los hechos o personajes, estilo directo y lineal, imágenes literarias vivas- que difieren notablemente de los recursos literarios empleados por el cuento actual nacido para la transmisión preferentemente escrita o audiovisual. La transmisión oral significa aproximación y contacto entre el emisor y el receptor. La escrita y la audiovisual suponen la interposición de mayor distancia e impersonalidad.

3. En cuanto a la intención: El cuento tradicional refleja un didactismo elemental, universal, valedero en el tiempo y en el espacio, razones que han contribuido a su pervivencia y extensión. A veces con ligeras variantes el mismo cuento aparece en distintos países de Europa e incluso en otros continentes con tendencia a informar una cultura común por encima de particularismos y tradiciones locales. El cuento actual suele perseguir objetivos más concretos, de ámbitos más reducidos y a veces dentro de ideologías no compartidas por todos. Razones por las cuales su vigencia, en el tiempo y en el espacio, está más amenazada que la del tradicional
4. En cuanto a los signos y símbolos: El cuento tradicional debe apoyar su actualidad en la interpretación simbólica de sus elementos componentes. No hacerlo así ha supuesto el rechazo de quienes en ocasiones ven en él el reflejo de épocas pasadas cuyos esquemas sociales o mentales se quieren prolongar injustificadamente. Pero hay que reconocer que precisamente la incapacidad para pareja interpretación simbólica acarreará a la larga el descrédito de algunos cuentos actuales y precipitará su caducidad. Y cuanto más concretos sean sus signos y sus contenidos, más rápidamente envejecerán.

5. En cuanto al contenido: Los cuentos tradicionales, al ofrecer escenas de la vida de otras épocas, provocan en gran medida y de forma natural el distanciamiento, tan buscado por Brecht en sus creaciones dramáticas. La interpretación de la parábola y los juegos de la fantasía encuentran en ellos amplio campo, sin duda no siempre aprovechando en toda extensión. El cuento actual, por el contrario, persigue la identificación de personajes y circunstancias mucho más próximos al mundo del niño de hoy, con intención más inmediatamente realista y concienciadora, y en consecuencia, elimina lo maravilloso que tanto pesa en el cuento de hadas.
Los Cuentos de Perrault con el periódico
Gracias a una iniciativa conjunta del diario Página/12 de Buenos Aires y la editorial Gramón-Colihue, las versiones originales de Los Cuentos de Perrault, traducidos por la escritora Graciela Montes, acompañan a las ediciones de los sábados del periódico porteño.
La emisión de esta serie comenzó el sábado 23 de octubre con la entrega de La Bella Durmiente del Bosque, para continuar durante siete semanas más con Barba Azul (cuya portada reproducimos), Piel de Asno, El Gato con botas, Riquete el del Copete, Cenicienta, Pulgarcito y Caperucita Roja.
Graciela Montes explica que el objetivo de este proyecto "es volver a poner en circulación y en manos de todos lo que es nuestra herencia cultural y literaria, que ha quedado con el tiempo reducida a unos pocos, es decir, a quienes pueden comprar libros en las librerías".
Citamos algunos fragmentos del reportaje efectuado a Graciela Montes con motivo de este lanzamiento:
—¿ Cuál es, en su opinión, el mayor mérito del trabajo de Perrault?
— Quizás el mayor mérito fue apropiarse de un material popular, con un alto nivel literario, porque él era un literato, e instalarlo en el territorio más culto. Además logró que, de la misma manera, los pueblos del mundo se apropiasen de esos cuentos.
—¿ Estas ficciones estaban originalmente dirigidas a un público infantil?
— Salvo el de "Caperucita roja", que es un típico cuento infantil de advertencia, los demás no estaban necesariamente dirigidos a los chicos: eran cuentos populares, a secas. No perdamos de vista que, en la Edad Media, las etapas de la vida, es decir la niñez, la juventud y la adultez no estaban tan claramente delimitadas como hoy: recién en el siglo XVIII se empezó a hablar de la infancia. Alrededor de los juglares, estos personajes que narraban historias en los espacios públicos, se junta a grandes y chicos, mujeres y hombres, enfermos, ancianos. Lo que ocurre es que por la economía de lenguaje característica de los cuentos populares, estas historias llegaban muy fácilmente a los chicos.
—¿ Cuáles son las características que comparten estos cuentos?
— Bueno, por un lado está el cuento popular que siempre es un cuento de reivindicación. Es decir que siempre hay algún personaje que sufre alguna injusticia que posteriormente será reparada, o un pobre que logra casarse con la hija del rey. Son cuentos reparadores, como nuestro cuento criollo. Lo que específicamente comparten estos cuentos de Perrault es que él ironiza y convierte a estos personajes tradicionales en miembros de la corte del rey. Aparecen figuras como la del burgués enriquecido, como es Barba Azul, aparecen elementos que hablan del sometimiento de la mujer, pero también otros que sugieren una posible liberación... En fin, le agrega un plus algo más socarrón, que enriquece las historias.
La nota de presentación de la colección y el reportaje a Graciela Montes pueden leerse completos en la edición virtual del periódico Página/12 del domingo 17 de octubre de 1999 en esta dirección: http://www.pagina12.com.ar/1999/99-10/99-10-17/pag35.htm

Cuando se piensa en cuentos de hadas, inmediatamente llegan a la mente figuras de hermosas princesas, príncipes encantados, ogros, brujas y tantos otros personajes... Charles Perrault es responsable de que muchas de las historias, que tienen a esos seres como protagonistas, hayan llegado a nuestros oídos.
Perrault nació en París, Francia, el 12 de enero de 1628. Después de trabajar algún tiempo como abogado, comenzó a dedicarse a la literatura y se transformó en uno de los referentes más importantes de su tiempo y de la historia de las letras.
A pesar de que también escribió para los adultos, sus cuentos de hadas fueron los que hicieron que su figura nunca se olvidara. En realidad, Perrault no inventó la mayoría de sus cuentos sino que le dio formato literario a los relatos que venían de la tradición oral (de la transmisión boca a boca). Su objetivo fue hablar sobre las costumbres de su época pero dejando una moraleja. Además, construyó finales felices para sus narraciones, una forma de dar esperanzas a un periodo de la historia en el que no todos estaban contentos.
Gracias a él hoy todavía se conocen historias como "La bella durmiente", "Caperucita roja", "El gato con botas", "Cenicienta" y "Pulgarcito".
Perrault murió el 16 de mayo de 1703. Aunque los valores de la sociedad que él recreaba ya no son los mismos, sus cuentos aún siguen siendo entretenidos y adorados por los chicos de todo el mundo.
Bibliografía:
• La literatura infantil en la educación Básica
• Didáctica de la literatura infantil y juvenil
• Weinschelbaum, Lila L. : Por Siempre el Cuento, editorial : Aique,1997.
• Colaboración de el sitio de literatura infantil www.leemeuncuento.com.ar